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En verano las altas temperaturas y la consiguiente falta de apetito debido al calor hace que tengamos que cambiar los hábitos alimenticios. Si el consumo de agua es vital para cualquier persona, en el caso de las personas mayores se convierte en la regla de oro para evitar la deshidratación.

Las necesidades de agua de las personas mayores son similares a las del resto: entre un litro y medio y dos litros diarios. Sin embargo, en su caso, esta recomendación de beber agua se convierte en obligación porque con la edad se debilita el mecanismo que regula la sensación de sed y ésta es menor, apareciendo generalmente una vez que ya se ha producido la deshidratación.

¿Que recomendamos?

– Beber dos litros de agua al día. Si beber agua es una costumbre poco habitual en ellos, pueden tomar frutas como el melón y la sandía, que pueden sustituir al agua por su alto contenido en líquidos. Se aconseja forzar la ingesta de agua en estas personas sin esperar a que ellos la pidan. Si tienen problemas de deglución, se les deberá dar gelatina, que podrán tragar sin problemas y les hidratará igual.

– Nuestro gran aliado: el tomate. Podremos ponerlo en ensaladas o mucho mejor hacer gazpacho. Es una gran fuente de vitaminas y es un alimento muy fácil de tomar.

– Debemos reducir el consumo de alimentos altos en grasas, porqué son más difíciles de digerir para los mayores y son demasiado hiperproteicos, aumentando el calor corporal. Los alimentos ricos en proteínas ayudan a absorber la vitamina B12, que en la vejez es difícil de absorber.

– Las frutas, ricas en agua, como el melón, la sandía, la fresa, el melocotón, el albaricoque, la ciruela, la cereza, la uva, el kiwi, la piña, el higo, la manzana… Pueden tomarse en forma de macedonias de frutas que estimulan el apetito por su atractivo colorido. 

– Comer más veces al día y en menos cantidad.

– Disfrutar de la comida  y mucho mejor si se disfruta en compañía. Es altamente recomendable evitar la soledad: comer en compañía, fomentar un ambiente lúdico de las comidas y aumentar las relaciones sociales mejora la calidad de la dieta en personas mayores y disminuye el riesgo de depresión.